destaque, FTA 2026, performance

mientras las cenizas se hacen humo

amilton de azevedo escribe sobre Bardaje, de Lukas Avendaño (Oaxaca), presentado en el 2026 Festival TransAmériques (FTA – Tiohtià:ké/Montreal). el critico viajó a Canadá por invitación de lo FTA y integra los Playgrounds con la actividad Cosechas Críticas.

Hay algo que se pasa en Bardaje que es del orden de acontecimiento. Cuando las puertas de la iglesia abren despacio y el ruido se toma a todo espacio, sin embargo empieza una coreografía de la audiencia. Lukas Avendaño aparece, su rostro cubierto, coronado por peñas de distintos colores, una lengua metalica se fija fuera de su boca. Tus ropas rojas están llenas de semillas secas y tu caminar es concentrado de modo que no hacen siquiera un sonido.

Las personas organizan-se en sus miradas; alguien hurga su bolsa en medio al silencio, uno se levanta y busca un mejor lugar para mirar la performance. La mujer en mi espalda cierra sus ojos. Tiempo. Hay una ruta, un camino, y hay que caminar en su propio ritmo – uno que es criado, uno que agrega a siglos, uno que imagina existencias bardajes afuera del colonialismo. Paso a paso, Avendaño ocupa el territorio sacro con sus propios sagrados.

En el paisaje sonoro, algo de naturaleza, algo de urbano, mientras también se escucha la respiración – controlada, después ofegante – de Avendaño. Cuando llegas a la escena, estás en un altar. Presentar Bardaje en la capilla de la Cité-des-Hospitalières agrega mas y mas camadas a un traballo que ja es muy multifacetado. Mirando en perspectiva, uno ve la cruz y la corona de peñas. El cruce de signos, significados y cargas históricas se imponen sin que sea necesario decir nadie.

Mientras escuchamos la voz de Avendaño hablando de la falta, el performer baña-se de cenizas. Como que iniciando una purificación del presente trayendo a él lo pasado. Las cenizas lo cambian, literal y simbólicamente. Ahora las semillas ecoan por todo espacio mientras Bardaje transforma el ambiente. Avendaño patea y circula su presencia casi mítica mientras las cenizas se hacen humo.

No es como la actualización de una – o más – tradiciones sino un acto de imaginación radical y ritual. Bardaje carga consigo lo que se hizo do que hoy llamamos Centroamérica pero su gesto de confrontación se compone como uno de invención; ancestralidad y un muxefuturismo se hermanan en los movimientos y suspensiones, en los sonidos y silencios de Avendaño. Género, enlaces familiares, política y devenires se funden sin que nadie sea dicho. 

Así, Avendaño camina por la iglesia, sube a escena-altar, hace lo que tiene que hacer, baja del escena-altar, camina por la iglesia, se vá, vuelve; ahora, con todo hecho. Mira y es mirado. En la última coreografía de la audiencia, aplausos y cierta perplejidad. Dicen que la catarsis contemporánea se pasa cuando uno sale cambiado de una obra. Bardaje firmó su encanto.

Nota del autor: yo no hablo español. Soy brasileño, comprendo la lengua y puedo comunicarme en portunhol, pero escribir es una osadía. Lo hago porque creo que este texto no podría ser escrito en inglés, como estoy haciendo en la cobertura de FTA. Es también un ejercicio de desplazamiento de esta voz.